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«La afición a la moto no te la quita ni las zancadillas de la vida»
ELENA MARTOS
Agustín Moreno y Juan López llevan más de cuarenta años sobre las dos ruedas, una pasión que les viene de sus padres y que han contagiado a sus hijos
«Con el mono y el casco puestos desaparece la edad», un magnífico lema que desde hace años no deja de repetir Juan López cuando sale de ruta. A punto de cumplir los setenta –y hay que pedirle el DNI para creerlo– siente la misma pasión por la moto que ha contagiado a su hijo, propietario de un taller y habitual del Circuito de Jerez. Juan lleva más de medio siglo sobre las dos ruedas. Esta última que apenas tiene unos meses la que hace diez y aún no está dispuesto a decir que será la última. Miembro histórico del Motoclub Gaditano, el segundo más antiguo de España, no renuncia a la carretera. En esta ocasión cambiará el ambiente del Circuito por una ruta fuera de Cádiz, pero reconoce que «aún pica el gusanillo cuando se acerca la fecha del Gran Premio».
A Agustín Moreno, con 56 años ya cumplidos, lo escucha sin que se le caida la sonrisa de la cara. Amigos desde siempre y compañeros habituales de ruta, le ha prometido a Juan que le instalará un sidecar a la moto cuando no pueda conducir. «A ver quién lleva a quién», lo reta. Este gaditano, que ha presidido el Motoclub hasta el mes pasado, dice tener aún muchos kilómetros por delante. «Mira que he tenido motivos para dejar la afición, pero esto es para siempre, no te la quita ni las zancadillas de la vida», reconoce. Su padre murió en la carretera y él también sufrió un accidente que lo alejó durante un tiempo del asfalto, pero terminó volviendo. «Lo dejas más por hacer daño y no preocupar a los que tienes a tu alrededor que por tí mismo, pero te subes de nuevo a la moto», insiste.
Agustín reconoce que le vino la afición de su padre y ahora la comparte también con su hija, que tiene carné y sale de ruta. Su mujer también se ha rendido a esta pasión, pero desde la parte de atrás del asiento. «Eso es lo que nos hace ser moteros completos, que te acompañe tu pareja, que lo comparta contigo», dice. Las llaman paqueteras y no hay escapada a la que renuncien.
Las cosas hoy son muy distintas: asientos y puños calefactados, intercomunicadores, monos fabricados con material aislante, cascos más seguros, GPS. Lejos quedan aquellos episodios en los que había que forrarse el cuerpo y las manos de plástico para desafiar al frío y pasar largas jornadas sin hablar, donde la única comunicación era una caricia en la pierna de cuando en cuando.
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